No recuerdo bien si es que nací en una cuna, o en un petate, o en una cama, lo que sé es que nunca he podido bajar de ahí. Dentro de mi cabeza sólo caben las flores, y en mi corazón está comprometido con el campo de los sueños donde nadie nunca pregunta por mí.
Hace algunos días, encontré a la puerta de mi cabeza el más bello de todos los hombres que hubiera visto. Creía en la belleza, Venus en un muchacho, siempre tan inteligente con cada acto en su repertorio de maravillas, un mago, que me abrió los ojos a que había más allá del puente de sueños donde los juguetes me siguen cada paso, y las mariposas revolotean sobre de mi levantando mi cabello. Ahí no sabía que hacer, todo era tan nuevo simplemente me dejaba caer en un lecho de satín rojo donde las gerberas de colores se volvían rosas de seda en mi piel.
Tanto que pedí por salir de mi mundo de niño pequeño, cuando lo único que quiero ahora es regresar a él. Si mi alma se rompe en mil pedazos ahora por pedirte lo que es injusto, dejarme ir, debo contenerme, puesto que algún día el camino empedrado me juntará al mago que me mostrara el camino a otra felicidad, a una que en este momento no se tener, por ser tan incompetente cuando de tomar una mano se trata...
Para Constantino.



