lunes, 3 de enero de 2011

4.1.1..

"Did it matter, then, she asked herself, walking toward Bond Street. Did it matter that she must inevitably cease, completely. All this must go on without her. Did she resent it? Or did it not become consoling to believe that death ended absolutely? It is possible to die. It is possible to die."

Se había percatado en ese preciso momento. Justo cuando el reloj cesó el tic tac de las manecillas una milésima de segundo para avanzar a la siguiente hora, cuando el perro que orinaba en la calle sintió un escalofrío a causa del frío, y él caía en su inconsciente hasta romper un frío tejado de vidrio. Realizó que ya era tarde para dar una segunda vuelta atrás, se limpió las manos de tinta con sumo cuidado, evitando que la costura de su suéter se maltratara, y llevando el resto de color con una maltratada tela en un trapo.

Los doctores se podían ir a un carajo, no le importaba en lo más mínimo lo que ellos pudieran decir acerca de lo que llamaban "maniaco-depresión". Era verdad que los violentos cambios de humor dentro de su mente eran drásticamente negativos, y la falta de orden en torno a sus sentimientos no eran mucho de ayuda, pero mientras no afectara a su trabajo no era gran desventaja.

Poco a poco veía una, tras otra, las espaldas de la gente que lo rodeaba, no era para nada fácil adaptarse a semejante comportamiento, un arranque de histeria siempre acababa en gritos y sollozos tirado en el piso.

Ya había alguien que lo soportaba, un hombre, mayor que el, quien, sin embargo, no despertaba dentro de su mente nada especial, en realidad. Otro caso era su escritura, y su pintura, no había nada más en ese momento que le pudiera parecer atractivo, mandar lo demás por un tubo era lo indicado para él. También había tirado al inodoro los medicamentos prescritos por los doctores para calmar

su "enfermedad", él mismo sentía el alivio, pero no se podía permitir un estado de ánimo artificial, podía tratarse de pura sugestión, pero era un hecho para él que no podía trabajar en su estado alterado por las pastillas.

Cierto era ahora que los síntomas empeoraban, y peor, estando él completamente aislado del resto de las personas. En un día, sus facetas emocionales podían explotar cuatro veces en una hora, y ya fueran todas las que le provocaran estar confinado en su habitación en un mar de lágrimas, o un ataque de furia en que destruyera todo lo que estuviera a su paso.

Ese día, en que se percató que era inútil recobrar la conciencia, escribió unas palabras que dejó al borde de su cama, envueltas en un sobre. Eran las palabras que encerraban el profundo sufrimiento de su alma viviendo en un mundo que no prometía nada para el siguiente abrir de sus ojos.

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