with my graceless heart,
so tonight I'm gonna cut it out
and then re-start"
-Shake it Out (Florence and the Machine)
Cuestión de las últimas tres semanas fue una tos con flemas que azotó mi rito de acostarme en la cama y ponerme el edredón rojo encima. Al rededor de las once que lograba conciliar el sueño, había un lapso de al rededor de diez minutos que me mantenía en una telaraña sujeta de dos árboles, y mi mente flotaba entre miles de pensamientos que parecían picotear mi corazón con picahielos, picahielos con jugo de limón y chile piquín. Entre todos estos recuerdos y palabras, se mantenía una especie de dramática composición de distintas circunstancias que al parecer, un insecto dentro de mi coraza cerebral había manufacturado de manera similar a la telaraña que me sostenía en esos cortos periodos anteriores a mi sueño.
Entre la maraña que describí hace momento, en mi existencia vigil, es decir, ese casi inútil momento que dura de las siete de la mañana a las diez de la noche, en el que uno es incapaz de soñar y hacer lo que en verdad importa, descubrí que la serie de azotes, punzones en el corazón y caídas de bicicleta, no eran más que raspones en los que había echado sal, limón, y un discurso de lloriqueo, y que el mismo lloriqueo era una suerte de demonio con rostro deforme y uñas postizas pintadas de rosa pastel que se aferraba a la piel de mi espalda, perforando en el fondo de mis pulmones, y que yo intentaba sacar con la tos que me atormentaba.
Ahora, entre la infinidad de suspiros que caracterizan la vida de cualquier adolescente, puedo respirar con un poco más de comodidad, y todos los picahielos que corren por el mundo parecen no tener interés en mi, como yo, con gran suerte, tampoco tengo en ellos.
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