Ver hacia adelante me es difícil, sin duda alguna, y re-encontrarme con mi masculinidad perdida es una prioridad que descarté por juegos de vanidad en otras circunstancias. Esta necesidad de comprender mi vida en el destello del pasado, se acumuló como lo que en la tubería bloquea un bulto aforme, al sugestionarme con el supuesto enamoramiento de alguien de quien nunca estuve enamorado, la respuesta sobre este individuo que he llamado mi 'mejor amigo' la encontrarán (mis dos o tres lectores) en el inmaduro escrito titulado "Unusual Way". La questión ce'st, ¿esta necesidad de mantenerme estático en el pasado con una transfiguración patéticamente paulatina hacia el futuro es lo que me ocasionó cierto berrinche adolescente? y esta ilusión de fijación hacia el muchacho en cuestión, ¿es mi búsqueda por completar la parte masculina que en mi falta?. Me refiero a, las figuras masculinas que atento reemplazar, ¿podrían ser la causa de mi "delirio transexual", estos hombres, en concreto, mi padre, quienes dirigen su atención hacia la mujer, y al parecer ignoran mi presencia?
Hace unos años cuando este problema se me presentara en la flor rosada de mi pubertad por primera vez, el hecho de que mis tendencias homosexuales parecieran una especie de sustitución por mi figura paterna, casi imperceptible en la infancia, tuve un vuelco al estómago y parecí cercano a vomitar un conejito. Ahora, sin embargo, que lo acepto con más calma, me provoca ansiedad el hecho de no poder solucionar este problema de identidad, ¿es mi otra mitad la que me proveerá la masculinidad que siento me falta? ¿soy yo mismo quien debe encontarla, e incluso, podría ser que quien me complemente no sea un hombre, sino una mujer?
En estos otoños de adolescencia, que el Banquete de Platón nos embelesa y el amor es una idea que pareciera materializarse en conflictos externos, se dan en mi frecuentes ataques de dramatismo e histeria, sin embargo, después de respirar un momento, procuro hojear a Julio Cortázar, figurar entre todas las necesidades mundanas, una que no me atormente, y, sin embargo que me resulte verdaderamente reelevante, y maldecir a mi sátiro profesor de literatura.
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