domingo, 18 de diciembre de 2011

Cuando no respondes.

Y es que las tres de la mañana saben todos mis secretos.
De vez en cuando, cuando de cuando en cuando regresas a mi cabeza, me da por oler la tierra mojada y poner café a calentar. Es así que mi mente florece hacia otras ramas así, y puedo regar las gardenias sin que se mojen mis pies. A veces le grito al aire, porque sé que hasta dentro de su misterio te encierras, y me atormenta pensar que mis penas ya te turban en tedio y molestia. Si tan sólo pudiera reconocer qué es lo que mi lengua dice cuando veo detrás de tus pupilas, podría recordar dónde dejo la cabeza.
Saliendo a caminar no me despejo, y las aceras tienen tu nombre, porque las hemos recorrido mil veces, y las vías del metro ya no son de confiar porque todas llevan al destino precedido por mi llanto que me dice con palabras sin aliento que ya perdí otra partida. Más flores en el pelo porque ya no queda luz en tus ojos, y los brazos del océano ya no me quieren recibir, porque no hay pecado mío que se pueda condenar o perdonar, es un limbo, y el café se amarga cuando le falta agua y ya está toda en tu boca. El camino ya parece de musgo y me tropiezo cuando llueve porque de la mano nada más me llevan mis enredos del corazón.

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