Si bien, no espero en lo más mínimo fugar mis emociones escribiendo esto, sí, al menos, pretendo buscar las palabras correctas para al menos intentar darle a entender a alguien lo que me sucede. A veces siento que ni siquiera desgarrar mi cara podría sofocar todo lo que me atormenta, y ni siquiera botarme desde lo más alto del balcón que da a la pequeña cuadra donde grito podría ser castigo suficiente para compensar lo que mi inmadurez hace crear a mi mente. Siempre que intento escribir me encuentro frente a una pared en blanco y con la pintura en el olvido, lo he dicho, te lo he dicho, que son lo que menos me interesan, pero tú consideras tan importantes, no te hablo a ti solamente, a ti que desde hace unas semanas vives en mi sueños y en mi vigilia desapareces, sino al resto del mundo que encuentra su existencia rodeada de palabras, y yo que las guardo en un cajón que estallará cuando ya no aguante la pena de mirar a los demás a los ojos.
Cuando los botes de pintura están en mis manos, las palabras no se forman por sí solas, y primero la esparzo sobre la pared sin formular lo que puedas entender, así es como me muevo por las calles en tu búsqueda, no espero que entiendas nunca lo que quiero decir, es a lo que me refiero, soy un manojo de mariposas, y lo soy por ti desde que decidiste besarme, y me deshago cuando el viento cambia de dirección. A veces cuando no puedo mantenerme unido a mi mismo para preguntarte la hora, simplemente actúo con el instinto de una bestia, porque eso soy, y es precisamente que las palabras en mi mente chocan y no las puedo convertir en poesía por más que quiero. Daría todo lo que tengo y mi lugar en el cielo si tan sólo pudiera conjugar las palabras para decirte y expresar en ellas todo lo que provoca cuando sólo te acercas a saludarme y mi mejilla es un mar de lentejuelas que vuelan hasta chocar con la bóveda celeste y regresan para descubrir que ya no estás. Dirías, bien, que estas son las palabras que lo describen, pero no lo son, lo que en verdad da cuenta de esto es algo que grita en lo más oscuro de la noche, y todo lo que tengo no bastaría, lo sé, para que eso que no son palabras llegara de ti a mi en lo más oscuro de esa noche.
Permíteme entonces llenarte de lo que no son palabras, permíteme acompañarte hasta lo último que quede dentro de tu mente para crear un universo que nos una, una casa en el cielo, o una mesa de desayuno en Plutón, que dicen en los periódicos ya no es un planeta, un corazón que se conecta con cables de carbono en mi garganta, y las palabras nunca fueron menos útiles, porque ahora grito un idima que nunca creí que pudiera existir.
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