"Dirigió una mirada al mundo que se alejaba
y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer
y volverse espuma"
A Oscar.
No sé cómo empezar a decirte esto, porque en realidad ni siquiera debería referirme más a tu persona. No sé cómo empezarlo, pero algo que sí sé es que debo hacerte saber que no soy la persona más adecuada para ocultarle algo, menos cuando eso que deseas que no vea lo escondes a simple vista, y los gritas a los cuatro vientos.
No entiendo cómo podrías llamarme egoísta cuando todo lo que hiciera fuera a tu disposición y me encontraras cada vez que te fuera necesario. Sin embargo, entiendo muy bien que quererme es arrojar perlas a los cerdos, porque quizá así sea como la mayoría de las personas en mi vida similares a ti lo crean, aquellas que me dan por sentado.
Y si fue mi error enamorarme, el tuyo fue ese, darme por sentado y esperar a que tu indiferencia, malos tratos, palabras sin sentido y miradas despectivas fueran razón suficiente para volver a mi madriguera, rendido. Porque es la realidad del enamorado humillado esperar a que sanen las heridas y aparezca el Sol Poniente para poder volver a vivir de noche.
Sé que el único amor que me demostraste fue el que se le da a las pertenencias, las observas, tratas con delicadeza y permanecen en un anaquel esperando tu regreso. Fueron mil cosas que dijiste, pero en mi piel solamente quedó una, la de todos tus secretos en cubierto. Uno espera que, si no es remunerado con la misma moneda en respuesta a un gran cariño, al menos la indiferencia sea un amargo consuelo acompañado de la comprensión. Pero fue tu decisión voltear la moneda a la cara destruida por el fuego y la gasolina.
Ahora escribiéndolo, medito si merezco la humillación en cubierto y las palabras ocultas, y me respondo en negativa, porque es derecho humano ser amado. Y yo tengo la certeza de haberlo hecho sin ser recompensado, misma respuesta que me recuerda lo inhumana que resultara tu reacción ante mis gestos de tristeza, plegaria a tus manos y a tu boca, tan inmerso siempre dentro de ti, viéndome por debajo de los hombros sin poder ver mi corazón ardiendo.
Te confesé que las palabras me resultan complicadas cuando se trata de escribir lo que creo que las vuelve obsoletas. Pero en la demostración de esta evidencia, creo haberme sumergido lo suficiente dentro de mi cabeza para darte a entender lo necesario entre mis letras. Que concluyen pidiendo que hagas lo que te plazca de lo que ves en mi, de mis palabras tontas, mi inmadurez, mis caprichos, mi cariño ridículo, mi fealdad, mi egoísmo, y mi estupidez. Porque es lo que viste y lo que contigo quiero que se quede.
Voy goteando sangre en la nieve, corazón herido y los pies cansados. Sin mirar hacia atrás, con mis manos llenas de los mil tesoros que no te pude dar, esperando que llegue alguien ajeno a tu nombre y diversiones. Veo la calle a través de esta ventana, donde más te quise, ahora se ve distinta, desgastada porque no le dejaste nada. Ahí puedes tener el recuerdo de lo que a pesar de todo sí te pude dar; confianza, el tacto de mis manos frías, muertas pero radiantes de luz contigo.
Qué lástima que fuera yo tan pesado en tus brazos, porque fuiste tú la luz al final de mi túnel de demonios, la sonrisa de mal agüero, las mim promesas sin cumplir, y sin embargo, el calor de mi corazón que no pudo apagar ni la lluvia de julio.
"You don't look a thing like Jesus
but you talk like a gentleman
just like I imagined when I was young"
-Gerónimo
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