viernes, 8 de abril de 2011

11:11

Es como encontrarte en la cocina. Sólo, y el gas de la estufa es difuso pero intoxica lo suficiente. El reloj y su tic-tac.

Es como acabarse una cajetilla en un día y palpar el último cigarro.

Es como que me guste tu cabello sin la gorra, es como ver que me estás viendo.

Es como la anorexia, la bulimia y el tabaco. Un mareo violento y encontrarte frente a la porcelana vomitando rostros de corazones rotos.

Es oír que colgaste el teléfono, que te despediste sin si quiera susurrar "te quiero"

Es como buscar el cariño hasta debajo de las piedras. Es el rotar y rotar del globo que se va quebrando entre mil partículas pérfidas. Es un cuarto con doscientas personas ye star tremendamente sólo.

Es qué te guste él y no yo.


Despertando con la luz apagada me rompe lo que queda de humano en los quince días de haberme fijado en que sólo me muevo siguiendo cariño huérfano. No es que me sienta, es que lo siento, cuando todas esas cosas que parecen chiquitas se desploman en el suelo como conejitos en la alfombra de Andreé, Sabes que un conejito encerrado en el armario no hará daño alguno, pero los doce saltando de un lugar a otro siempre provocan jaqueca.

Quiero que me duela el alquitrán, que el estómago devuelva mi alimento, quiero volar como rehilete descompuesto. Alabados sean todos, que románticos trazan ambrosía y uno es carboncillo pisoteado.

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