Ágætis Byrjun
Y no me importa si yo no te gusto.
O si de pronto me obsesiono con saber como te busco.
Mi mano y la tuya están como imanes, sin que te des cuenta tus dedos corren entre flores para alcanzar mi boca. Vamos por laureles que te corono por un rato, cortemos flores y en tardes de verano lléname con vino de tus besos.
Donde el conejo blanco sigue sin tomar carrera para recorrer el país de las maravillas en busca de la reina, tu y yo hablaremos de las hojas. O te acariciaré el cabello resolviendo el acertijo de tus manos, cantando canciones de otros tiempos miserando el mundo que sin sueños recorremos.
Te cuidaré, y en el invierno con mis manos el fuego de tu alma permanecerá vivo en tanto mis alas duermen. Y con papeles de estrella y constelaciones infinitas, haré las tuyas, con mis manos tan marchitas de tanto acariciar tus mejillas. Ven, corre conmigo, y no digas nada, que me basta tan inocua hilera de dientes en sonrisa para vigilar mi sueño sin angustia.
Por ahora sé que duermes, y que no estoy entre tus palabras susurradas antes de subir al trono de Morfeo, sin embargo, en la ciudad del Sol Poniente es de lo más exquisito pensar en como podré besarte al llegar el alba. Son secretos mis anhelos, y prohibidos mis deseos, sin embargo es un buen comienzo el mostrar cual mariposa mis sentimientos tan exhaltados.
Somos puras miradas y tocaditas.
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